Los publicistas me enseñan cosas

Autor: Alejandra Bonnet Toro

He querido escribir algo sobre el testimonio de acoso sexual que compartió Oriana Castro, pero cada vez que trato, me da miedo. Me da miedo porque no quiero hacerle daño a personas que sé que son buenas, pero que han cometido errores. Seguramente inconscientes, pero igual errores. Me da miedo porque no quiero entrar en el escrutinio público y ser juzgada como veo que siempre pasa en estos casos. Escribiendo este texto he descubierto que, en efecto, no tengo la libertad de establecer mis propios límites sin arriesgar volverme una mamerta, una mojigata o una oportunista.

Empatizo con Oriana porque a mí me pasó algo similar. También en una agencia de publicidad, también en la ciudad de Bogotá. Trabajé en ese lugar casi dos años durante los cuales viví el espectro completo del acoso al abuso sexual. Bueno, de mí nunca abusaron, pero sí supe de un caso que en mi opinión constituye abuso sexual y la agencia no hizo nada (no los culpo; creo que ellos tampoco tienen las herramientas para lidiar con eso). Personalmente viví varios casos de acoso y tampoco tuve las herramientas para lidiar con la situación de una manera positiva y asertiva. Al contrario, siempre que me quejaba parecía que me estuviera quejando de mi “privilegio” de ser “guapa”.

Cuando entré a trabajar en esta agencia, un hombre joven pero por lo menos 10 años mayor que yo se me insinuó en el lobby. No me dijo nada directamente, pero me coqueteó apenas me vio. Su comportamiento me pareció inapropiado, pero no dije nada porque no quería ser una pesada. Después me enteré que ocupaba uno de los cargos más altos de la agencia y me sentí aliviada de no haber dicho nada.

Con él me pasó algo particular: muy rápidamente percibió no sólo que me molestaban sus modos, sino que me repugnaban. Me lo gané: cada vez que podía (y esto incluía reuniones de trabajo) me hacía todo tipo de comentarios y/o miradas que me humillaban y me incomodaban. Yo veía como él lo disfrutaba: era su manera de hacerme entender que él era el que mandaba. Para ilustrarles un poco la imagen que creó en mí, les voy a contar sobre ese extraño jueves en el que terminamos encontrándonos de fiesta con él. Yo estaba con el corazón roto porque había terminado con el que en ese entonces era mi novio, y como es costumbre en esas situaciones, salí y me pasé de tragos. Al día siguiente mis compañeros decidieron hacerme un chiste: me dijeron que me había dado besos con él. Yo me asusté y me ataqué en llanto porque les creí; ellos no esperaban esa reacción y se disculparon inmediatamente. ¿Saben por qué lloré? Porque me parecía totalmente posible que él se aprovechara de mí estando borracha y sabiendo que yo lo detestaba.

Lo peor de estas experiencias es que quisiera poder decir que eran excepciones. Pero no; lo raro era lo contrario, y siempre me parecerá injusto que quienes no hacían parte del juego sintieran que arriesgaban algo. Eso demuestra la influencia que puede tener un humano en la cultura de un lugar de trabajo; después de todo, los jefes no son sólo jefes sino humanos increíblemente exitosos. De ellos aprendemos lo que se necesita para llegar a donde ellos están, y en una agencia de publicidad, ellos definen lo que es cool.

¡Y es que el tal cool es importantísimo en una agencia! Después de todo, ¿no se supone que son la epítome del cool Bogotano? Sinceramente creo que para muchos, el comentar sobre el físico y la sexualidad de sus compañeras de trabajo era algo de chicos cool. Mi mamá me diría que todo es parte de su “show de chachos”. Y como lo diría Rebecca Solnit, en su ensayo “Men Explain Things to Me (Los Hombres Me Explican Cosas)”, estas dinámicas “de chachos” son precisamente el problema.

¿Por qué insistimos en ignorar que esto es un problema? ¿Por qué es tan difícil entender las consecuencias de ignorarlo (ej. cuando el acoso se convierte en abuso)? Muy conscientemente he decidido no exponer nombres aquí porque no quiero desviar la conversación. Más que castigar a alguien, lo que siento que es importante es que empecemos a pensar cómo es que vamos a hacer para a garantizar espacios seguros de trabajo para nosotras. ¿Qué tal si empezamos por redefinir lo que es el “show de chachos”?
Propongo también que nos pongamos de acuerdo en cómo definimos acoso sexual y qué significa garantizarles un espacio de trabajo seguro a las mujeres. Les comparto mi definición de acoso sexual: una herramienta que se usa de manera consciente para humillar, hacer sentir incómoda o excluida a una mujer (u hombre, claro) a través del sexo o la sexualidad. Esto incluye, pero no se limita a acciones, miradas, comentarios, y toqueteos insistentes que no son correspondidos ni bienvenidos. Abuso es cuando pasas este límite y agredes directamente el cuerpo de la víctima. ¿Cómo la ven ustedes?

Ahora definamos un espacio de trabajo seguro. Para mí, este es un espacio donde no existe la impotencia que he sentido yo, ni el riesgo de sentirse como Oriana en su trabajo. Un lugar donde podemos dedicarnos a lo que vinimos: a trabajar, sin sentirnos amenazadas, asustadas o humilladas.

Independientemente de las posiciones individuales de cada quién, creo que todos podemos estar de acuerdo en que lo justo es que las organizaciones y las personas para las que trabajamos hagan su mejor esfuerzo para garantizarnos un lugar de trabajo seguro a todos. Sé que algunas personas califican las reacciones de Oriana y mías como una exageración; una muestra de debilidad o carácter. Pero esos son sus modelos mentales hablando. Y déjenme decirles, los que me conocen saben que a mí en este caso me importa un pepino no ser popular, pero créanme: no es fácil arriesgarse a ser una paria social por no sentirse cómoda con las insinuaciones de hombres en el trabajo.

Durante mucho tiempo me dije a mi misma que mi caso era una excepción. Que simplemente yo había tenido la pésima suerte de caer en la agencia más misógina de Colombia. Hasta que leí a Oriana, y a todas las demás que han salido a contar sus experiencias. He visto que a todas nos han dicho que dejemos de tomarnos las cosas tan enserio, que seamos fuertes y aguantemos porque así son las cosas y hay que sobrevivir. ¿No creen que podemos hacer las cosas un poco mejor?

En principio por decencia humana, pero si por nada más, porque si las mujeres nos sentimos amenazadas en el trabajo seremos infinitamente peores profesionales. ¿Qué tal si empezamos a hablar de equidad con acción y empoderamos con libertades a mujeres para que desafiemos estereotipos y podamos romper los famosos techos de cristal?



Alejandra Bonnet Toro: "Feminista y diseñadora Bogotana radicada en Barcelona. Candidata a Máster en Innovación y Design Management en BAU, Centre Universitari de Disseny de Barcelona

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