La formación de las ciudadanas

Autor: Maria Adelaida Perdomo

Colombia le ha dado cierta relevancia a la formación en ciudadanía en la última década. Por fin estamos entendiendo que si no tenemos herramientas para relacionarnos de manera pacífica y con plena consciencia de nuestras emociones y de los derechos humanos, de nada van a servir el resto de conocimientos básicos impartidos en la educación básica y media.

No obstante, hay un aspecto de la formación o educación en ciudadanía que no hemos abordado lo suficiente. Pese a los esfuerzos del PESCC (Programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía del Ministerio de Educación de Colombia) por instaurar la discusión de género en las escuelas, todavía creemos que las diferencias de género no tienen que ver con la educación en Colombia.

Según el estudio ‘Separados y Desiguales’ de Dejusticia, el promedio para matemáticas en el 2012 “de los hombres en el Icfes fue de 47 puntos, mientras que el de las mujeres fue de dos puntos menos, 45. Estas diferencias tienden a mantenerse entre estratos. Algunos estudios que han llegado a los mismos resultados sostienen que esta diferencia se puede explicar por una especie de “currículos ocultos”: aquellos que favorecen cierto tipo de educación y que pueden estar reproduciendo estereotipos patriarcales frente al papel de la mujer en la sociedad.”1 El currículo oculto son todos aquellos modelos ideológicos y de comportamiento que se transmiten en los sistemas educativos, los cuales están implícitos en las relaciones humanas que se generan en los mismos, pues no hacen parte de un currículo explícito sobre lo que se debe enseñar.

Los estereotipos de género hacen parte sustancial del currículo oculto, pues es a través de este que profesores y directivos reproducen sus creencias sobre el deber ser de los niños y las niñas. Entre estas creencias, está aquella que considera las matemáticas y las ciencias como disciplinas poco femeninas o sólo aptas para hombres, así como otras características y comportamientos que son premiadas en los niños y recriminadas en las niñas (el liderazgo, la competitividad, entre otros). Según el Programa Formujer (2000), “esta programación puede incluir estereotipos y tabúes acerca de lo que pueden hacer hombres y mujeres. En las prácticas docentes se manifiesta en omisiones, períodos de atención, reforzamientos y otras distinciones, donde se estimula la participación, liderazgo y aprendizaje de los varones y la actitud pasiva de las mujeres. O la competencia entre sexos o la invisibilización de los aportes de ellas. Dado que son elementos inconscientes, se contrarrestan tomando conciencia de ellos mediante charlas, lecturas y reflexiones."2

No existe evidencia biológica que justifique las diferencias en los resultados de matemáticas de niños y niñas. Según un artículo de la revista Science3, en los países donde hay más paridad de género los resultados de las pruebas de matemáticas para niños y niñas son más parecidos, y en aquellos donde hay menos equidad de género, los resultados entre géneros son más disimiles, en detrimento de los resultados de las niñas. Lo anterior es un argumento de peso para sostener que las diferencias académicas entre niños y niñas se ven sustancialmente atravesadas por expectativas de género. Existen otros estudios que demuestran que al entrar en la pubertad, muchas niñas abandonan el estudio de matemáticas y ciencias, al ser presionadas por el entorno para procurar actividades ‘más femeninas’. Esto se ve reflejado en la brecha de género en los resultados de las pruebas a medida que aumenta la edad de los estudiantes que las toman.

Aquellas sociedades que han logrado deconstruir los estereotipos de género sobre lo que una mujer puede y no puede hacer, debe y no debe hacer, sobre sus capacidades mentales, de raciocinio, y de lógica-matemática, más allá de la tradición y del saber popular, se libran de transmitirles inconscientemente a las niñas ideas sobre lo que ellas son y van a ser capaces de hacer, y esto se ve reflejado en la disposición y desempeño que ellas demuestran en disciplinas como las matemáticas, la ciencia o el deporte competitivo.

¿Cuál es el rol entonces de la formación ciudadana frente a las inequidades de género? Como bien menciona Maceira (2007), la formación ciudadana está encargada de empoderar a ciudadanos y ciudadanas con respecto a sus derechos, de darles nuevas perspectivas sobre su lugar en el mundo y de ‘la eliminación de todas las condiciones que fomenten distintas formas de subyugación y segregación’4 , es decir, de poner sobre la mesa las inequidades sociales existentes y de contribuir a la construcción de herramientas, individuales y colectivas, para superarlas.

La formación en ciudadanía, al obviar las diferencias de género y la manera como se construye una visión del mundo diferencial para niños y para niñas en nuestras sociedades, contribuye al mantenimiento de la inequidad y de la injusticia.

Combatir lo anterior representa una oportunidad grandísima para la educación en ciudadanía, pues al estar basada en los derechos humanos, cuenta con el sustento, legal e ideológico, para abordar las inequidades, en este caso generando conversaciones abiertas en las escuelas sobre la construcción de la ciudadanía con perspectiva de género, abordando las diferencias para asumir la diversidad como potencial social y no como herramienta de discriminación. Esto es especialmente importante al asumir el género y la diversidad sexual en su más amplia expresión, entendiendo las tantas formas en que los niños y las niñas se desarrollan actualmente.

La formación en ciudadanía tiene la posibilidad y la responsabilidad de ampliar la gama de posibilidades para que niños y niñas tengan libertad, voz y perspectiva.

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