LA CENICIENTA Nueva Versión

Autor: Cris Suaza

Cuando la boda terminó, la ex - cenicienta, ahora princesa, estaba feliz pero cansada de bailar con las zapatillas de cristal. Cuando se quedaron solos le dijo al príncipe que quería quitárselas y descansar los pies y por eso se sentó en la cama matrimonial.

El príncipe se arrodilló frente a ella y con delicadeza le quitó la zapatilla izquierda, la frotó con cuidado, le dio un beso y luego, lentamente, la puso en el suelo. Lo mismo hizo con la zapatilla derecha.

Mientras esto hacía el príncipe, la princesa lo miraba y le entraron unas ganas locas de tocarlo, tan gentil, tan bonito, tan azulito; de ayudarlo a quitarse los zapatos negros de cuero y, en fin, de que siguieran quitándose el resto de sus vestimentas de gala, una a una. La princesa se puso la piyama con rapidez. Lo mismo hizo el príncipe.

Cuando estuvieron los dos en la cama, el príncipe le sonrió, le dijo buenas noches, se dio media vuelta y ¡se durmió inmediatamente!. La princesa se sintió algo decepcionada, pero como también estaba cansada hizo lo mismo.

Cuando despertó al día siguiente, el príncipe ya estaba levantado y mirándola con una amplia sonrisa le dijo: “Ven, déjame ponerte las zapatillas de cristal!

La verdad es que ella no quería ponerse esas zapatillas de cristal pues no solo eran duras, sino que hacían mucho ruido, y su sonido monótono se escuchaba por todo el castillo, pero viendo al príncipe tan feliz aceptó su oferta.

A partir de ese momento, cada día se repetía el mismo ritual. En la noche el príncipe le quitaba las zapatillas con reverencia, daba media vuelta en la cama y se dormía y al día siguiente al levantarse se las volvía a poner con la orden expresa de que ¡no se las podía quitar en ningún momento o lugar!

La princesa vagaba por ese castillo frío atormentada por el clop clop clop de las zapatillas, llamando al hada madrina que le había dado las benditas zapatillas de cristal, para devolvérselas, pero ésta había desaparecido, así como su deseo de tocar al príncipe sonriente y frío. Se sentía prisionera. Se aburría.

Una noche, después de ver el rostro feliz del príncipe cuando le quitaba las zapatillas, se dio cuenta de algo que no había podido ver antes: el príncipe no estaba enamorado de ella, ¡sino de las zapatillas de cristal!

A la mañana siguiente se levantó muy temprano tratando de no despertar al príncipe, cogió las zapatillas de cristal con cuidado y las puso encima de su almohada, al lado del príncipe. Luego le escribió una nota:

Querido príncipe:
Lo dejo con su verdadero amor.
¡Que sea feliz para siempre!


Luego se deslizó con sigilo hacia la gran puerta del castillo, donde los guardias todavía dormían y salió corriendo descalza teniendo cuidado de no tomar el camino de regreso a su madrastra y hermanastras; corría, reía, bailaba, cantaba, olvidada del príncipe, del hada madrina, pero sobre todo de las opresoras zapatillas de cristal.

Viajó por el mundo y tuvo amores de todos los colores.

Con el tiempo fue reconocida como ¡la bailarina descalza!




Cris Suaza es bibiliotecóloga con especialización en Documentación y Ciencias de la Información. Ha trabajado en distintas universidades y centros de documentación. Hizo parte del movimiento feminista de los años 70 y 80 y del grupo de mujeres que planeó y llevó a cabo el Primer Encuentro Feminista Latioamericano y del Caribe realizado en Bogotá en 1981. Autora del libro ‘Soñé que Soñaba: Una Crónica del Movimiento Feminista en Colombia de 1975 a 1982