Hombres: ¡A limpiar, cocinar y cuidar!

Autor: Felipe Jaramillo*

El desempeño laboral no es ajeno a lo que ocurre en el ámbito doméstico. Cuando se piensa en igualdad entre los géneros, se suele hacer hincapié en estrategias para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres en el mundo laboral y en las esferas políticas. Es decir, se busca encontrar soluciones para las desventajas y obstáculos estructurales que excluyen al género femenino de ciertos espacios económicos, políticos y sociales.

Sin embargo, los logros en términos de igualdad laboral no se ven reflejados en el hogar. Hoy en día, las mujeres deben asumir las obligaciones de cuidado y, al mismo tiempo, lograr un desempeño íntegro en el campo económico. El nuevo slogan es: “una mamá que trabaja”. No obstante, la multiplicación de cargas hace que se descuiden ciertas tareas en los espacios domésticos.
El descuido de las labores del hogar se podría utilizar para justificar la exclusión de las mujeres del mercado laboral. Sin embargo, eso solo reforzaría nuestra incompetencia como hombres.

La integración de la mujer al mercado laboral es una muestra de que nosotros también tenemos que trabajar en las labores de cuidado. Es un llamado a practicar la igualdad dentro del hogar.
No estoy diciendo que los hombres somos unos simples holgazanes que no colaboramos con el cuidado de los hijos y la limpieza del hogar. No obstante, a muchos de nosotros no nos enseñaron a cocinar, planchar y trapear. No era extraño que nos echaran de la cocina o que cuando tratáramos de ayudar nos dijeran que no servíamos. Nuestra presencia era vista como un estorbo. Simplemente, no estábamos hechos para eso de cuidar el hogar.

La división de las labores del hogar tiene una base ideológica en los roles de género. Una investigación realizada por la Universidad de Tel Aviv, demostró que los hombres participan en las labores del hogar son vistos como si estuvieran ayudando y no compartiendo las responsabilidades domésticas. Es decir, los hombres no cargan la responsabilidad del cuidado doméstico, sino que su participación en las estas labores es percibida como un acto voluntario. No obstante, la investigación también demostró que los hombres que participan en las labores del hogar son vistos como más atractivos que aquellos que recusan participar.

Son múltiples las razones por las cuales las responsabilidades del hogar pasaron a recaer de manera inequitativa sobre el género femenino. En este corto escrito, no busco identificar las construcciones históricas que originaron la división de las labores del hogar. Lo que me interesa es analizar las dificultades que encontramos los hombres que sí estamos dispuestos a asumir las responsabilidades domésticas. Toca alejarse de generalizaciones nocivas que enmarcan al género masculino como un grupo homogéneo de personas que desea subyugar a las mujeres. El feminismo no es solo una cosa de mujeres.

No es extraño que los hombres que se dedican a las funciones de cuidado se enfrenten al repudio masculino. Incluso, me atrevo a decir que el rechazo hacia los hombres que fungen en las labores “propias” del género femenino es mayor. El hombre que actúa como “ama de casa” traiciona el pacto secreto de masculinidad. Para él, asumir las tareas de cuidado sí representa un problema. Naturalmente, él no está hecho para eso de quedarse en la casa. Así, el desprecio de lo femenino nos ataca independientemente de nuestro sexo. Como hombres de casa nos ridiculiza e incluso pone en duda nuestra preferencia sexual.

La lucha por la igualdad no se da solo en el mercado. Es hora de apreciar la importancia de participar en el cuidado del hogar. No podemos seguir utilizando la carta de la ineptitud o la naturaleza para escudarnos de las responsabilidades domésticas. Toca combatir de frente la hegemonía masculina que desprecia las cualidades femeninas. Debemos abandonar esa doble moral que reconoce la igualdad de la mujer en el mercado y la descuida en el ámbito privado. Tanto hombres como mujeres podemos trabajar en tándem en la empresa, en la política y en el hogar.

*Felipe Jaramillo: Profesor asociado de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda. Magíster en Democracia y Transformaciones Globales de la Universidad de Helsinki. Abogado y profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Autor de diversos artículos académicos sobre paridad democrática, género y relaciones internacionales.