¿De qué hablamos cuando hablamos de lenguaje inclusivo?

Autor: Maud Sandoval

En el 2010 el entonces ministerio de la mujer y desarrollo social publicó la primera guía para el uso del lenguaje inclusivo “El mundo se escribe y habla en femenino y en masculino” como un primer paso en la implementación de la resolución ministerial Nº 052-2009 MINDES que promueve el uso del lenguaje inclusivo en las dependencias del Estado peruano.
Pero es, recién en el 2013 con la publicación del segundo documento de trabajo “Guía para el uso de lenguaje inclusivo: si no me nombras, no existo” que se rompe con la idea de presentar a hombres y mujeres sin atribuirles personalidades asociadas a estereotipos de masculinidad y feminidad, factor que abrió el debate sobre la gramática y la estructuración del lenguaje. La guía aborda temas como la diferencia entre género y género gramatical, ofreciéndonos así una propuesta para dejar de lado el sexismo social en el lenguaje oral y en la redacción lo que nos permite una representación justa tanto de hombres como de mujeres.
La elaboración de contenidos de la guía estuvo a cargo de Juan Ernesto Cuba García, lingüista y especialista en género, estudiante del Doctorado de Lingüística Hispánica de The Graduate Center, de City University of New York con diploma en Estudios de Género (PUCP 2012) y bachiller en Lingüística (PUCP 2010). Quien se ha desempeñado como profesor universitario en escritura académica y temas de Lingüística.
Quisimos despejar algunas dudas con él, no solo sobre la guía y la posición del Estado respecto al lenguaje inclusivo, sino también sobre su uso en el marco de la cultura organizacional de las empresas y cuanto aporta a la disminución de brechas de género.

¿Qué es el lenguaje inclusivo y cuál es la importancia de su uso en el marco de la transversalidad de género?
El lenguaje inclusivo es grupo de propuestas de reformas sobre el lenguaje. Su objetivo es eliminar el sesgo sexista de las expresiones y, así, lograr que las actitudes sexistas de las y los hablantes también sean desterradas. Básicamente, son dos las técnicas para evitar el sexismo a nuestras prácticas comunicativas. Una es neutralización del género y la otra es la visibilización de ambos géneros (también conocida como “feminización del lenguaje”). La primera es la supresión de los elementos que den cuenta del género de la persona a la que se refiere. La segunda se refiere, más bien, a representar a mujeres y hombres. Ambas prácticas buscan evitar el uso de los términos masculinos como expresiones universales. Por ejemplo, al momento de escribir un mensaje para un salón de clase, un profesor o profesora puede iniciar su mensaje con “Alumnos del primer año”. Una opción inclusiva o no sexista podría ser “Estudiantes del primer año” o “Alumnado del primer año” (neutralización de género), o también “Alumnas y alumnos del primer año” (feminización del lenguaje).
Por otra parte, el lenguaje inclusivo es importante en las políticas de transversalidad de género en un nivel de representación y comunicación, es decir, en la manera cómo se representan y cómo se habla de las mujeres. Sin prácticas de lenguaje inclusivo, las políticas de igualdad de género se limitarán a la realidad material de mujeres y hombres, pero no se podrá intervenir en el campo simbólico y mediático. Muchas veces se argumenta que hay cosas más importantes que hacer en políticas de género que usar lenguaje inclusivo. Pero ahí existe una falsa decisión. Nadie pide elegir entre decidir o bien por los “problemas duros” o bien por el uso lenguaje inclusivo. Se trata de intervenir, además, en otra esfera de la vida social. El lenguaje es una práctica social cotidiana y universal. Creo que no hay mejor lugar para la reflexión sobre la igualdad de los géneros que en la manera en que hablamos y escribimos sobre mujeres y hombres. El lenguaje es otro campo de lucha por la igualdad aún poco explorado en el Perú.

Como lingüista, ¿cuál es tu posición respecto a la ruptura con la RAE que representa el uso del lenguaje inclusivo?
Siempre ha existido una relación tensa entre la RAE y todas las personas e instituciones que también han propuesto otras normas para el idioma español. La mayor cantidad de objeciones sobre las iniciativas de lenguaje inclusivo proviene de su supuesto alejamiento de las normas de la RAE. En este caso, yo prefiero ver las ideas que fundamentan estas actitudes. Por un lado, pienso que la autoridad de la RAE se basa en una obediencia y confianza casi totales por parte de las y los hablantes. Vivimos en una época en la que cuestionamos todo (por ejemplo, a las autoridades religiosas, a las y los líderes de opinión y a la gente metida en la política), pero en cuestión de lenguaje la gente suele obedecer ciegamente. Basta con que digas “La RAE dijo que se debe escribir así” para que la otra persona quede convencida. Una persona que vea con cuidado la historia de 300 años de la RAE verá que en la práctica las mujeres han sido excluidas o invisibilizadas en esta institución. Tampoco es gratuito que expresiones como “violencia de género” sean descartadas como innecesarias frente a la ya existente “violencia doméstica”. La RAE cambia muy lento e ignora las nuevas prácticas que tienen lugar en múltiples lugares. Su rechazo al lenguaje inclusivo, a mi parecer, es una prueba de la fragilidad de la RAE. Se dio cuenta de que no puede tener el monopolio de la corrección idiomática y necesita desacreditar (y ridiculizar) a aquellos actores que están creando una nueva forma de norma, una que enfatiza el sexismo como elemento que hay que descartar. Este nuevo actor no cuenta con el gran despliegue de fuerzas que tiene la RAE, pero parece ser que cada vez tiene mayor acogida y respetabilidad.

En el camino a la equidad desde el lenguaje cual es la vía, ¿lenguaje inclusivo o lenguaje no sexista? ¿Estos dos son la misma cosa?
Es la primera vez que me preguntan esto. Yo mismo me formulé la pregunta hace unos años y, felizmente, tengo la respuesta a la mano. Una guía de lenguaje no sexista aborda el tema de los prejuicios sexistas exclusivamente. En contraste, una guía de lenguaje inclusivo agrega entre sus intereses otras formas de prácticas discriminatorias, por ejemplo, el racismo, la homofobia, la discriminación hacia personas con discapacidad y que pertenecen a distintos grupos económicos. Algunas veces “no-sexista” e “inclusivo” se intercambian. Pero me queda claro que la reflexión sobre el uso del lenguaje no debe restringirse al tema de género. Existe un potencial que hay que explorar a nivel comunicacional. Por ejemplo, en la guía que trabaje con el Ministerio de la Mujer, dedicamos un apartado a la representación gráfica de mujeres y hombres. Hemos enfatizado que debe apostarse por la representación de la diversidad étnica de mujeres, diferentes tipos de familia y diferentes edades.

Bajo la perspectiva de género, ¿cuál es tu posición sobre la implementación del lenguaje inclusivo en las empresas?
Me parece una excelente idea. Pienso que las prácticas de lenguaje inclusivo deben extenderse entre los diferentes miembros de la sociedad, no solo ser interés del Estado. Me alegra también que se piense en el uso del lenguaje inclusivo como un indicador de igualdad de género en las empresas. Mientras hagamos que los derechos de las y los consumidores estén más en sintonía con los derechos humanos, haremos que las empresas sean más justas, cercanas y confiables. Por otra parte, pienso que las empresas pueden imaginar e implementar nuevas prácticas. Por ejemplo, diseñar formularios que no presten atención a la situación civil de las personas o crear protocolos de entrevistas de trabajo idénticos para mujeres y para hombres.
En el contexto de la cultura organizacional de una empresa, ¿qué valor puede tener el uso de lenguaje inclusivo?
El uso de lenguaje inclusivo es una clara apuesta por la igualdad. La gente asociará a la empresa que lo emplee con valores que, lamentablemente, no están entre las prioridades del mercado. Eso sí, mientras las empresas sigan reproduciendo estereotipos de género o patrones de belleza europeos, “una mano deshará lo que la otra mano hizo”. Me refiero a que el lenguaje inclusivo solo tendrá valor mientras esté enmarcado y dirigido por prácticas de respeto por la diferencia y búsqueda de la igualdad de género. De lo contrario, serán anecdóticos “las y los” como mucha gente que se opone quiere retratarlo. Finalmente, creo que buscar que la marca refleje los cambios culturales del mundo actual no solo es algo justo (es decir, refleja lo que realmente pasa “allá afuera”), sino que puede atraer a potenciales clientes que busquen una empresa que las y los represente, que sea capaz de renovarse y no tenga miedo al cambio.

Podrías hablarnos un poco sobre la guía para el uso del lenguaje inclusivo, ¿para el uso de quien está pensado?
La Guía para el Uso de Lenguaje Inclusivo. Si no me nombras, no existo (MIMP 2013) está pensada para la administración pública. Su implementación es obligatoria en todas las oficinas del Estado peruano y pone especial atención a la redacción. No obstante, también se han incluido pautas sobre representación gráfica e interacción verbal. Sobre este último aspecto, no quiero dejar de resaltar que esta guía ha ido un paso más adelante en comparación con otras hechas en lengua española. He abordado dos temas que pasan desapercibidos en estas propuestas. La primera es el lenguaje de odio como práctica de discriminación sancionada por ley. Por lenguaje de odio me refiero al uso voluntario, inconsciente o “humorístico” de expresiones que excluyen y denigran a las personas por algún rasgo de su identidad (por ejemplo, su orientación sexual o su color de piel). El otro tema es el sexismo al nivel de discurso. Me refiero a la difusión de ideas sexistas por medio de un lenguaje que no puede ser reconocido como no inclusivo. Se puede decir que se encuentra en un nivel más profundo del uso, un nivel ideológico. Por ejemplo, llega una invitación a toda la gente que trabaja en una empresa que dice “Se invita a los trabajadores y sus esposas a la ceremonia”. Imaginemos que en la empresa trabajan mujeres y hombres. ¿Qué se está presuponiendo con este mensaje?. Tal vez, el sexismo en el discurso sea la manera más sutil y difícil de reconocer, pero tal vez por ello es a la que debemos prestar más atención.

Aquí podrás encontrar La Guía para el Uso de Lenguaje Inclusivo. Si no me nombras, no existo (MIMP 2013)

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