Acostumbrarse a la igualdad

Autor: Sofía Díaz Echeverri

Como yo lo veo nos han planteado dos opciones: acostumbrarnos o hacer que se acostumbren. Acostumbrarnos como mujeres a tener una disparidad salarial de un 26% a comparación de un hombre, a que cada media hora exista el riesgo de ser la siguiente víctima de violencia sexual en Colombia, a que cada tres días alguna de nosotras muera por violencia intrafamiliar (Sisma mujer), o a cosas “pequeñas” como los piropos en la calle; todo porque ya podemos votar, podemos participar en política, nos contratan en algunos trabajos, y podemos decidir sobre algunos temas en nuestras vidas. La otra opción es hacer que se acostumbren las personas a que existimos y a que debemos ser iguales, a que queremos vivir, que pensamos, que somos inteligentes, que manejamos y lo hacemos bien, que estudiamos para ganar lo mismo, que caminamos por la calle y no merecemos tener más riesgos por ser mujeres, y sobre todo hacer que se acostumbren a que somos personas, no un chiste ni un objeto, más que un cuerpo, un ser humano.

Hace un mes mi primo de cinco años se volteó indignado cuando otro miembro de mi familia decidió llamarlo niña para humillarlo, les dije que ser niña no es un insulto, mi prima de 11 años, su hermana, se volteó y me dijo “sí es para los niños un insulto que alguien les diga niña”. Día a día hay prácticas que hacen que desde pequeños y pequeñas aprendamos que ser mujer no es lo mismo a ser hombre. Seamos iguales o no, merecemos los mismos beneficios y las mismas oportunidades. No es normal que desde los cinco años un niño se sienta insultado cuando le dicen niña, lo que le debería generar es indignación. Indignación en el sentido en que el tema del rechazo a la mujer debe ser algo que nos duela a todos y todas, algo frente a lo que todos y todas deberías luchar, no es “mamertismo”, ni “feminzasismo” (término que, por cierto, no tiene ningún sentido), es una cuestión de igualdad y de respeto. Por eso hablo de costumbre, la igualdad debería ser una práctica recurrente y cotidiana, desde el rechazo a los piropos, hasta cambiar los aspectos que tenemos en cuenta para contratar a una mujer, o la forma en que nos muestran medios de comunicación. Porque no va a haber igualdad hasta que tengamos conciencia sobre varias de nuestras costumbres como sociedad, y hasta que éstas nos generen indignación hasta el punto de querer cambiarlas y reformarlas.

Por: Sofía Díaz Echeverri. Estudiante de Derecho de 5to semestre, opción en Antropología y Género de la Universidad de los Andes, Colombia Forma parte de distintas campañas sobre temas de género en la Universidad, y es voluntaria en algunas ONGs que también tocan éste tema.

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